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sábado, 3 de septiembre de 2011

Simplemente sueñas.

Piensa un momento. Has visto muchas películas en la vida. En alguna habrá salido la típica fiesta adolescente en una mansión indescriptible con una piscina más increíble todavía. Todo el mundo ríe. Todo el mundo baile. Todo el mundo se lo pasa bien. La música suena. Llegas. Bajas despacio las escaleras de camino al gentío. Le sonríes a alguien que conoces. Vas saludando a la gente que ves mientras te acercas a por algo de beber. De repente levantas la vista. Vuestras miradas se cruzan. Está ahí. Te ha visto. Sonríe. Tú una sonrisa tímida. Te giras. Sirves tu bebida. Te das la vuelta. Se te cae el vaso. Miras hacia abajo. Estaba detrás de ti. Le miras a los ojos. Y sucede. La canción se cambia. Llega esa que tanto te gusta y que alguna vez, quizás en un sueño, compartisteis. Algo salta. Sientes su corazón. Él nota tus nervios. Y todo comienza. Con un beso bajo las estrellas, envueltos en una canción que os definirá en un futuro no muy lejano y arropados por un montón de gente que no sabe que esa noche ya es especial.


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