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domingo, 4 de septiembre de 2011

Sin miedo.

Le vi. Lo conocí. No me fijé en él. Ni siquiera me quedé con su nombre. Por la noche no le pensé. No le soñé. Al día siguiente, ni me fijé. Mal. Hablé con él. Hablé, hablé, hablé...cada noche. Ya era una rutina. Supe que era diferente en poco tiempo. Sabía que era especial. No era como el resto. Me quedé con su forma de ser. No le tenia delante, pero él era el que hablaba. Me ayudó, me consoló, me aconsejó. Me resolvió la vida. Gracias a él me di cuenta de muchas cosas. Me di cuenta de que las personas tenemos derecho a ser libres, a ser como queramos ser sin tener que escondernos. Le di las gracias indirectamente. Se dio cuenta. En poco tiempo me conocía mejor que cualquier amigo de la infancia. Ahora no está y le hecho de menos. Esa persona también la tienes tú. Date cuenta. Si te falta le piensas. Si está sonrires. Aprovéchalo. No seas ingenua. Hay gente para ayudarte. Apoyate. No te caeras.



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