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domingo, 16 de octubre de 2011

Dilemas.

Sí o no. Blanco o negro. Frío o calor. Día o noche. Dilemas. Como dejarse llevar u olvidar. Con lo bonito que es dejarse llevar. Como la seda. Como las olas. Sin que importe nada más. Pero a la hora de dejarse llevar llegan problemas. Problemas que no te permiten dejarte llevar. Que te plantean otra situación completamente distinta. Olvidar. Olvidar y borrar las demás opciones. A veces es mejor así. Dejarlo pasar. Dejarlo llevar. Por mucho que cueste. Olvidar. Puede que cuando olvides te arrepientas de haberlo hecho. Pero es imposible. Es imposible olvidar y arrepentirse. Si te arrepientes no has olvidado. Pero te convences de la situación. Te convences de que todo irá mejor. De que los problemas se solucionarán. De que todo saldrá bien. Aún que pueda que en el fondo sea mentira. Pero te convences. No se puede luchar contra eso. Son demasiados inconvenientes. Inconvenientes imposibles de solucionar. Sería imposible intentarlo siquiera. Convencida. Convencida y decidida. Y en proceso. En proceso de olvidar. En proceso de sufrir como nunca has sufrido. Porque ya tienes tus añitos y la cabeza suficiente como para saber que va a doler. Y por mucho que duela sigues adelante. Listo. Ya nadie me hará cambiar de opinión.

Pero, ¿de verdad?

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