.

.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Todo se esfumó.

Que mira, que si, que te vayas a la mierda. Perdón, no quería decir eso. ¿O si? Vaya tela. Día si, día no, ¿a qué estamos jugando? Dímelo. Ni que fuéramos niños de doce años. Que se acabo, que ya está, ¿no se puede quedar ahí? Nos complicamos tanto la vida que queremos seguir y seguir. ¿Seguir para qué? Para nada es tontería. Para un día estar feliz y el siguiente ser porquería. Parecemos tontos, o es que quizá lo seamos. Pero una cosa te digo bien, esto no va durar años. La excepción confirma la regla. En este caso, la excepción es que no existen excepciones. En nada. Intentas quedar bien, pero te puede tu propio orgullo. Algo podría haber salido, algo podría haberse arreglado. ¿Por qué te empeñaste en la puta perfección? Por mucho que digas eso no existe, no quieres ver, pero tú, insiste. Sigue así campeón, que te va a ir genial. Lo nuestro fue una historia, una historia y nada más.



Y luego piensa. Piensa en esa marca que te deja. Piensa si realmente todo esto valió la pena. Recuerda los momentos, maldice en tus adentros el comportamiento y sentimientos que ahora no puedes cambiar. Aléjate del pasado, corre hasta el presente, sigue, de frente, sin mirar atrás. Y olvídate de mi, ódiame si quieres, ya no tiene solución, todo esto no lo mereces. Ni tú, ni yo, ninguno lo deseamos. Para seguir con esto tendremos que olvidarlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario