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lunes, 21 de noviembre de 2011

Rabia de un instante.

Esa sensación de querer abrir el armario, coger cuatro pantalones, cuatro camisetas, cerrar la mochila y marcharte dando un portazo. Bajar las escaleras con los gritos de tus padres de fondo. Llegar a la calle, mirar a ambos lados, elegir una dirección y echar a correr. Sin rumbo. Que más da el destino. Solo importa desaparecer de esa casa de locos rodeada de gente que ni te entiende ni hace ningún esfuerzo por hacerlo. Y sigues corriendo, hasta que cansada de tanta vuelta, te paras en un sitio oscuro pero conocido. Te apoyas contra una pared, agarras fuertemente tu pelo con las manos y comienzas a llorar arrastrándote hacia abajo por la pared para acabar encogida en el suelo. Pero no te preocupes. Estas bien. En ese momento eres libre. Libre. Te has ido. Tendrá sus consecuencias. Muchas y malas. Pero ahora eres libre. Por un tiempo. El tiempo que quieras estar desaparecida. Que no podrá ser mucho. Sonríe. La has cagado pero bien. Ríete, vamos. Pedazo de locura. "Bua...soy la ostia."

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