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domingo, 4 de diciembre de 2011

Seremos libres.

Si supieran mis padres todo lo que se me está pasando por la cabeza ahora mismo, me matarían. Me encerrarían. Quiero escaparme. Irme en mitad de la noche. Aún que esté lloviendo. Quiero poner esa canción antigua de Rock & Roll que tanto me gustaba mientras doy vueltas bajo lluvia guiada por las estrellas. Quiero seguir el ritmo de la música y ser tan mala como gritos tengan esas frases. Quiero perderme entre las calles de mi pueblo, que la gente que haya fuera me mire e ir a parar a algún sitio en el que pueda relajarme. Doce años viviendo en el mismo sitio y todavía no sé donde evadirme del mundo. ¡Quiero correr! Pues sigo corriendo con la canción de fondo. Acabaré cerca de la casa de alguna amiga que justo habrá bajado a tirar la basura en ese momento. Y me verá, empapada, alocada y medio muerta. Me tiraré a sus brazos y ella se preocupará mucho. A esas horas y con esas pintas. Pero yo me reiré y le diré que estoy loca, que he bailado, que me he ido y que no quiero volver nunca. La abrazarás y llorarás. Porque es imposible. Tienes quince mierdas de años y unas cuantas ostias en la cara en cuanto vuelvas. Porque tienes que volver. En este jodido mundo no somos nada. Todavía.

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