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viernes, 30 de marzo de 2012

Una necesidad.

Ya se puede estar acabando el mundo ahí fuera que no me entero de nada. Solo necesito dos cables y un pequeño aparejo para desconectar del mundo. Enciendo mi música y desenchufo todo lo que me relaciona con el exterior. No hay nada más. Pequeños momentos del día. No oigo nada más que eso que quiero escuchar. La música me recorre la cabeza entera. Noto como entra por mi oídos y se cuela por todo mi cuerpo. Y yo no lo evito. ¿Para qué? Me encanta esa sensación de bien estar que solo la música sabe crear. Una canción para cada día, cada momento, cada estado de ánimo. Puedo estar muy seria y pululando por mis pensamientos con una lenta y que de repente aparezca una sonrisa en mi boca debido a un ritmo nueva y más fresco. Y ahí es cuando te das cuenta de lo mucho que te gusta, de que te hace sentir bien y experimentar, reflexionar sobre lo que tú quieras. Porque todos tenemos nuestra historia, nuestra canción. Búscala y dibuja esa sonrisa en tu boca. Te encantará. Formará parte de ti.

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