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miércoles, 29 de agosto de 2012

SHÉ.

Cuando me sentí sola, cuando nadie se acordó, cuando aquel chico al que amaba me destrozó el corazón, cuando mis padres se marcharon y conocí el dolor, cuando grité por fin basta y nadie mostró compasión. Cada vez que merecí una sonrisa y no la vi y me sentí desplazada, cada una de las veces que mi piel notó el rechazo de la vida hacia mi cuerpo. Cuando nado entre dudas y no encuentro solución, cuando le pido ayuda al cielo porque busco perdón, cuando me siento perdida y confundida, es mi ánimo en momentos de bajón, cuando vi el final y estuvo a punto de pasar, la vez que no pude más y pensé en abandonar. Es quien levanta la esperanza que tenía, ese que un día me dijo lo mismo que me ocurría.


"Yo te comprendo porque también pasé por lo mismo que tú."

sábado, 18 de agosto de 2012

Érase una vez...

¿Quién no ha querido ser alguna vez el protagonista de un cuento con final feliz? ¿De una película en la que todo sale a pedir de boca? Cuando vemos una historia que nos gusta solemos pensar en lo bonito que sería si nos pasase a nosotros, si se hiciera realidad. Pero claro, luego nos sale la vena realista y nos damos cuenta de que esas cosas solo ocurren en los cuentos o películas. Pero, ¿sabéis qué? Eso es porque la gente que lo piensa no lo llega a saber todo. No saben que no todo es imposible y que no hay que intentar copiar lo que está escrito o lo que vemos en una pantalla, si no hacer de nuestra vida la película ideal, escribir el cuento perfecto. Que todo lo que existe tenga envidia de lo que nosotros vamos a crear, que a medida que vamos realizando todo aquello que pensamos que será lo que debemos de hacer para que todo salga de vicio, sintamos la sensación de estar haciendo lo correcto. Y ahí está la clave. Sentirse a gusto con uno mismo. Porque no hay mejor película que tu vida y no hay mayor libro que tu historia.