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viernes, 22 de marzo de 2013

Cambios.

Me da pena. Me da mucha pena. ¿El qué? Os lo explicaré. Llega una edad en toda vida de adolescente en la que las cosas empiezan a cambiar seriamente. Tienes que comenzar a tomar decisiones tan importantes que acabarán condicionando tu futuro cuando pasen unos años. Decisiones que, bajo mi punto de vista, son muy difíciles de tomar. Y no me refiero a difíciles en el sentido de que tengas que decidir entre cosas muy dispares y puedas meter la pata, sino a difíciles por todo lo que pierdas, por todo lo que dejas. Me da pena. Me da mucha pena. Me da pena el tener que pensar que en un año y poco meses tendré que abandonar mi casa y mi vida diaria. Dejar de ver tanto a mi familia, vivir en un lugar que no conozco, ser totalmente independiente sin nadie con quien tenga la suficiente confianza como para que me sirva de apoyo. Pero una de las cosas en las que más pienso es en tener que separarme de las personas con las que he estado toda una vida desde que era una renacuaja. Sí, me refiero a esos amigos a los que conocí cuando jugábamos en la arena a los tres años y con los que ahora salgo de fiesta con diecisiete. Me da tanta pena. Nos hayamos llevado mejor o peor, hayamos tenido más relación o no, siempre hemos sido una piña, un grupo. No sabría qué palabras escribir para expresar el tipo de tristeza o incomodidad que siento al pensarlo. ¿Qué es lo que quiero decir con esto? Que tarde o temprano la vida que tenemos cambia por completo sin que tú casi puedas hacer nada. Contando como me siento, ya que la entrada que estáis leyendo de eso trata, no quiero dejar esto. Estoy segura de que mi vida cambiará a partir de esto y quiero aprovechar los últimos momentos al máximo. En serio, ¿no os da pena tener que iros y cambiarlo todo de nuevo, por decirlo de alguna manera, teniendo aún tantas cosas por conocer? No sé, es algo que me inquieta bastante y un tema en el que pienso mucho. Quizá exagere, no lo sé, pero es muy fácil seguir la vida que has llevado a esta ahora y es complicado cuando llega la parte en la que tienes que decidir por ti misma y saber que si te equivocas solo será culpa tuya. Nada más quería desahogar un poco lo que rondaba por mi cabecita porque para eso sirve mi blog, esta vez un poco distinto, pero para eso lo tengo. Creo que la conclusión que he de sacar de esto es clara: continúa, continúa y no le tengas miedo a nada. Que los humanos erramos a veces y acertamos otras. Me diría a mi misma que aprovechase lo que queda y que, lo que tenga que venir, bienvenido.