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martes, 15 de octubre de 2013

Cuenta conmigo, yo, contigo.

Que a gusto se queda una. Me refiero a esas veces en las que te sientes mal pero no sabes muy bien la causa. Lo único que quieres es encontrar a alguien y explicárselo, dejar que las palabras vayan saliendo solas. Como ese momento instantáneo en el que te ocurre algo y en seguida se te viene a la mente la persona con la que quieres contar. Tú hablas, y hablas y sueltas un montón de cosas que quizá no tienen nada que ver entre ellas, pero por algo las dices. Quieres que te entiendan ya que tú no lo haces, no sabes qué está pasando. ¿Un mal día? Quieres que te den opiniones, que te hagan preguntas, que te consuelen, que se interesen para tú poder llegar al fondo del asunto. O no. A veces en estos casos, soltando las cosas que se nos vienen a la cabeza, descubrimos que era todo lo que necesitábamos, hablarlo. O podemos encontrar sin quererlo el problema principal. Necesitamos que nos ayuden, todos, lo necesitamos, sino, no llegaríamos a sentirnos bien. Nunca te quedes con la duda de un día malo, busca el problema e intenta hallar la solución para que no se repita.



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