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martes, 10 de diciembre de 2013

Solo.

A veces, por mucho que queramos, no se puede. A veces, por mucho que queramos, no podemos controlar lo que sentimos. A veces, por mucho que queramos, nada. Estas son las consecuencias de querer tenerlo todo bajo control. Cuando llega el momento en el que algo se sale de la línea, se desborda todo. No es un delito sentirse vacío de vez en cuando pero, ¿qué me decís a eso de sentirse solo? "Por favor... con todos los amigos que tengo, mi familia, la gente que me quiere..." Ya... ¿y? Mírate. Casi no sabes lo que está pasando por tu cabeza ni tú mismo, sí, pero, ¿quién te está ayudando a averiguarlo? Ah... me lo temía. Ahí está. Nos empeñamos en tenerlo todo tan bajo control que incluso queremos que nos atiendan sin haber abierto la boca, sin dejar ninguna pista. Claro, es que deben de cuidarnos y preocuparse por nosotros si de verdad le importamos a alguien, ¿no? Suena egoísta, pero estoy completamente de acuerdo. Pero ahora bien, ¿sabes lo que pasa? La gente ha olvidado el sentido de la palabra importar. Ahora le dan importancia a las cosas que no la tienen y dejan pasar lo que realmente merece la pena tener. Y es en ese momento, en el que ellos están dejando las cosas escapar, cuando tú te sientes solo de verdad. Es como que todo se une, todo influye. En realidad no estás solo, lo sabes, pero por un instante sí que es así.




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