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martes, 15 de abril de 2014

La sensación.

¿Qué pasa cuándo llega una persona que hace que sonrías desde que abres los ojos hasta que apagas la luz y te acuestas? Yo te lo voy a decir. Pasa que hay que cuidarla. A veces, las personas no se dan cuenta del bien que le hacen a los demás con simples palabras, detalles, o su mera presencia. Su presencia. Llega un momento en el que no quieres que se vaya. ¿Por qué querrías algo así? Ha hecho que vuelvas a sonreír, que vuelvas a confiar, que vuelvas a la calma... que vuelvas a querer. Justo cuando pensabas que todo eso iba a ser una de las cosas más difíciles de volver a conseguir en tu vida, aparece. Y estás deseando que se quede, nadie va a echarle. Es esa sensación. La sensación de sentirte bien, sentir que le importas a alguien, de querer, como sea, que ese alguien sepa lo importante que es para ti. Querer demostrarle todo lo que sientes, lo mucho que te gustaría estar a su lado, lo mucho que echas de menos su mano entrelazada con la tuya, la forma en la que te mira antes de darte un beso, es única, esas caricias en el cuello para ayudar a que te duermas, las buenas noches susurradas y los buenos días entre besos. Todo eso y más, mucho más. Es muy difícil demostrarle a una persona lo que sientes sin la sensación de que te quedas corta cada vez que lo intentas. Sobre todo si eso que sientes es enorme, tanto que no dejas de pensar en la forma con la que podrás demostrarlo todo. Porque hay que cuidar a las personas así, las que entran en nuestras vidas para mejorarlas un poquito. Se lo merecen. Merecen que las queramos de la manera más especial que podamos. Merecen lo mejor de nosotros porque son lo mejor.





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