.

.

jueves, 13 de julio de 2017

Es posible.

Tu vida se desmorona, tu día a día cambia por completo. Piensas que no vas a poder salir de ahí, al menos no sola. Crees que nunca recuperarás algo así. Y los días pasan veloces. Podías. Estás tranquila, estás reconstruyendo, reforzando. Ahora ya eres una mejor versión de ti. Y, de la noche a la mañana, aparece, ocurre. Vuelves a emocionarte, a sentir cosquillas en el estómago, a ponerte nerviosa, a girar el cuello, a poner cara de boba. Y es que amigos, amigas: la vida son fases y no podemos quedarnos estancados en una solamente porque sea preciosa y parezca que va a durar para siempre. Debemos aprender de todo lo que nos ocurra y dejar atrás, en el recuerdo, lo que no llegue con nosotros al presente. Porque sí, se puede volver a sentir lo mismo que sentías en tu plenitud, se puede volver a tener lo que perdiste. Las personas vienen, van, se quedan, entran y salen. Aprendamos de todas ellas, dejemos ir lo que ha de irse y demos la bienvenida a lo que desee entrar.